Por Paula Iglesias Bueno. Guadarrama, historiadora y escritora especializada en Estudios de Género
¿Qué papel juega la memoria histórica en la política municipal? ¿Puede un lugar de memoria construir comunidad? ¿Cómo se crean proyectos de futuro recordando a las víctimas del fascismo?
La imagen de Auschwitz como símbolo de la represión del nazismo sobre la población europea, en especial sobre los judíos, es conocida por la gran mayoría de la población. Sin embargo, la red de campos de concentración y exterminio, así como los grupos que fueron víctimas de ellos, fue mucho más extensa y diversa. Estas otras experiencias de la deportación a los campos nazis son menos populares, no han sido investigadas de la misma forma ni con los mismos recursos, ni tienen un simbolismo tan reconocible en la cultura general.
Algunas, entre las que se encuentra el caso español, están incluso empezando a darse a conocer recientemente, tanto académica como socialmente.
Se calcula que, en total, pasaron por estos campos más de diez mil españoles y españolas, aunque es difícil definir una cifra exacta porque las investigaciones aún continúan y porque mucha documentación fue destruida por las autoridades nazis antes de la caída del Tercer Reich. De todos ellos, la gran mayoría pasaría por Mauthausen (Austria) y por sus distintos subcampos, tanto que llegó a conocerse como «el campo de los españoles». Aunque no fue el único con presencia española, ya que tenemos registros en Buchenwald, Dachau, Sachsenhausen, Ravensbrück… y sí, también en Auschwitz.
La mayoría de estos españoles y españolas que sufrieron los campos de concentración y exterminio del nazismo acabó en ellos tras haberse exiliado al finalizar la Guerra Civil (1936-1939) con la victoria de los sublevados. Muchos, además, por persecución directa y grandes riesgos de represión política. El grueso del éxodo se instaló en Francia, pasando también por campos de refugiados y otros centros de durísimas condiciones. Una vez en el país vecino, el estallido de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) y la invasión nazi en Francia en 1940 provocaron el reclutamiento y captura de muchos españoles como prisioneros de guerra; la entrada en la resistencia clandestina y las órdenes de arresto de grandes figuras políticas y militares de la Segunda República (1931-1936). Con ello, empezaron las detenciones y las deportaciones a los campos.
Aunque un importante porcentaje de estos prisioneros y prisioneras españoles provenía de las comunidades de País Vasco, Aragón y Cataluña —por ser fronterizas y, en el caso de Cataluña, el último territorio en caer en manos de los sublevados—, tenemos constancia de prácticamente toda España. También de madrileños y madrileñas y, en concreto, de vecinos y vecinas de los municipios de la sierra noroeste.
Por el momento, conocemos un total de quince deportados registrados de los siguientes municipios: Cercedilla, Guadarrama, Alpedrete, Torrelodones, Boadilla del Monte, Collado Villalba, Moralzarzal, Majadahonda y Valdemorillo.
De todos ellos, únicamente Melchor Antuñano Montalvo, nacido el 25 de abril de 1907 en Moralzarzal, deportado a Mauthausen el 25 de enero de 1941 con el número de prisionero 3241 y fallecido en este mismo campo el 19 de diciembre de 1941, cuenta con un reconocimiento público —un Stolpersteine o «piedra de la memoria»— en su municipio natal.
Ante acontecimientos históricos de tal magnitud como lo fueron la Segunda Guerra Mundial y el Holocausto, es habitual sentirse, como individuo, completamente ajeno y alejado de ellos. Son, precisamente, las políticas y acciones de memoria histórica que se realizan desde lo local y lo cotidiano las que nos permiten conectar con el pasado, con sus protagonistas y con el conocimiento histórico. De ahí que poner nombre y apellidos, así como explicar las trayectorias de estos vecinos y vecinas víctimas de los campos nazis, es fundamental para acercar la Historia al conjunto de la sociedad, para entender los procesos históricos y cómo sus consecuencias afectan a las personas de a pie. Así como para alejar esa sensación de extrañeza, de lejanía que pueden producir estos grandes acontecimientos y que no supone más que la desconexión emocional, política, cultural y humana con sus protagonistas.
Además, estos reconocimientos de memoria histórica en espacios públicos, como pueden ser las placas, estatuas o callejeros, sirven para construir comunidad a través de ese pasado común que se recuerda, de las raíces, y de lo que significa ese recuerdo, los valores que lo rodean y los proyectos que inspiran estos protagonistas.
Los Stolpersteine, por ejemplo, que recuerdan a deportados y deportadas de todas las naciones, etnias y condiciones políticas a lo largo de toda Europa, generan dinámicas culturales y comunitarias muy concretas y valiosas. Los vecinos y vecinas fijan fechas señaladas —relativas a la Historia local, a aniversarios de la Segunda Guerra Mundial, o a conmemoraciones europeas o internacionales de las víctimas del Holocausto— para salir a limpiar estas «piedras de la memoria», dejarles flores y recordar las historias individuales y colectivas que representan. Junto a ello, se suman las rutas específicas que explican el ascenso de los fascismos en los distintos países durante la década de los años treinta del siglo pasado, sus consecuencias y los sistemas de represión que establecieron a través de estos símbolos y lugares de memoria.

Son espacios de aprendizaje, homenaje y colectividad cultural que conectan a los vecinos y vecinas con la historia de sus localidades en concreto, y con la historia en general, al mismo tiempo que generan oportunidad de reunión, recuerdo y proyección de futuro en torno a valores democráticos. De ahí que fomentarlos sea una labor imprescindible y prioritaria en la política municipal porque, en definitiva, la memoria histórica local, cotidiana, permite a la vez la divulgación del conocimiento histórico desde una perspectiva más inclusiva, cercana y humana y la construcción de redes vecinales en el presente que, aprendiendo, recordando y conociendo sus pasados, son capaces de proyectar y de mirar al futuro.
