Los gimnasios están llenos… las bibliotecas también: dolores y apoyos en tiempos de intensidad y estrés laboral.

Por Daniel Ripa, doctor en Psicología social y del trabajo

 

En un curso de formación del profesorado, una docente canadiense se queja de que sus alumnos pasan el día en el gimnasio: “Sólo les interesa eso”. Sin embargo, las discusiones sobre rutinas de entrenamiento se cuelan también en conversaciones de profesores universitarios y tertulias de militantes a ambos lados del tablero político. Incluso hay empresas que pagan cuotas del gym  a sus trabajadores. Nuestra jornada laboral se amplía con la exigencia del auto-cuidado físico, una tarea más a encajar. Lo analiza Maura Gancitano en La Tiranía de la belleza: el mercado se apropia de nuestro tiempo con cuidado físico, cremas faciales o depilación. Pero, espere, ¿no es positivo cuidar nuestro cuerpo? 

El autocuidado nos consume un tiempo de vida crecientemente escaso. El trabajo acelerado (el neoliberalismo), causante de dejar de cuidarnos, hacer deporte y comer o dormir bien, ahora exige nuevos sacrificios. “Estoy estallado, me falta tiempo”, es una conversación habitual. El café para llevar es un signo de nuestro tiempo, incluso lo tomamos en vasos reciclables en la misma cafetería donde lo hemos comprado, como explica Sebastian Friedrich. Demostramos disposición a aprovechar cada minuto. Más intensidad, más rápido. Es la sociedad del rendimiento. En ese magma surgen gurús del auto-desarrollo con su recetario para la felicidad. Madruga, aprovecha el día, desarrolla tu físico, controla tus alimentos, aparta a las personas tóxicas. Gana dinero rápido. No te juntes con quien no resulte instrumental para tus fines. Las personas son objetos a tu servicio: usa o aparta. Ni causas ni colectivo. Aunque “tanta insistencia en la felicidad debiera hacernos sospechar acerca de la infelicidad de los tiempos”, recuerda Marino Pérez.

Es una farsa separar el malestar laboral del personal y social. El empleo (o desempleo) que debería aportarte ingresos y seguridad te causa malestares que te siguen acompañando cuando cruzas la puerta de tu domicilio. Las conclusiones científicas son unánimes. En las últimas décadas aumentaron los riesgos psicosociales en el trabajo: trabajamos con más intensidad, de manera más irregular y con más incertidumbre, mientras el apoyo de los compañeros o sindicatos es cada vez más escaso. Y esto incrementa los problemas de salud física y mental: más problemas cardíacos, dolores de espalda o lumbago, crecimiento de la ansiedad y depresión, como señaló la OMS ya en el año 2010. Sabemos que un número creciente de trabajadores (trabajadoras, principalmente) se medican para afrontar los dolores físicos y emocionales en sus empresas (analgésicos, ansiolíticos o antidepresivos). Sean teleoperadoras, sanitarias o trabajadoras de ayuda a domicilio, así siguen siendo funcionales en trabajos que no pueden abandonar. ¿Cómo seguirle el ritmo a una vida que nos supera? Casi la mitad de los casos de depresión y ansiedad tienen origen laboral. El Comité de Expertos sobre Precariedad y Salud Mental, impulsado por el gobierno de coalición, presentó datos abrumadores: “si la población precarizada (incluyendo la desempleada) hubiera tenido un empleo estable, se hubieran evitado 170.000 casos de depresión, un 33% del total”. 

Todos los riesgos psicosociales en el trabajo se relacionan con mayores niveles de estrés laboral y, como consecuencia, peor salud física y mental. La solución no pasa por iniciativas individuales, sino por evaluar las condiciones de trabajo en las empresas e impulsar la prevención y gestión de estos riesgos. Modificar la organización del trabajo en las empresas para reforzar tu salud. El neoliberalismo propone una dirección opuesta: diluir las fronteras entre lo laboral y lo vital, hacerte más fuerte, resiliente, medicarte para continuar, mientras toda tu energía mental se centra en el trabajo. Emprender, mejorar, desarrollarte. Dedica tu tiempo libre a formarte, ganar dinero, cuidar tu aspecto físico, siempre consumiendo. Y hazlo rápido, navega de una cosa a otra sin tiempo. Con cursos de formación online, gimnasios con auriculares bluetooth e Instagram para compartirlo. La variable humana es prescindible. En las grandes ciudades esto se acrecienta. Y la megaciudad te pasa por encima. No tienes dinero, tiempo o energía para seguir su ritmo. 

¿Es la época del individualismo? No sólo. El humorista británico John Oliver recuerda que las bibliotecas viven un florecimiento en Estados Unidos, causando que sufran ataques de la derecha trumpista. Llenas hasta la bandera, se han convertido en espacios comunitarios más allá de los libros. Acceso a películas, actividades grupales, préstamos y trueques de productos básicos (desde cañas de pescar a tiendas de campaña), incluso en España refugios climáticos para jóvenes y mayores. La comunidad se abre paso incluso cuando los gurús neoliberales la quieren dar por superada. Nos seguimos necesitando unas a otras.

En lo político también hay disputa. Las reformas laborales que suben salarios o convierten en indefinidos los contratos temporales van en la buena dirección. En 2022, el Parlamento Europeo defendió una Directiva Europea (obligatoria para los Estados) que prevenga los riesgos psicosociales en el trabajo. Y si los malestares se entremezclan con nuestras vidas, necesitamos políticas vitales: que la vivienda aporte seguridad y no incertidumbre, que haya apoyo en los cuidados a menores y mayores para reducir la ansiedad, que tengamos tiempo libre para estar con amig@s o hacer deporte (sí) sin que sea una obligación laboral. Ampliar comunidad, reducir inseguridad vital. No necesitamos pastillas para ser funcionales, sino tiempo, apoyos y políticas públicas que nos arropen. 

 

Kompier y Marcelissen (1990), en Leka, Jain y WHO (2010)

 

Responde a algunas preguntas sobre riesgos psicosociales en tu trabajo:

  • ¿Cambian cada semana tus horarios de trabajo, incluyen fines de semana o noches? ¿No está claro cuándo empieza y acaba tu jornada y te avisan sobre tus horarios con poca antelación o sobre la marcha, sin tiempo para organizarte?
  • ¿Sientes que cada vez tienes menos momentos de descanso y más intensidad laboral? ¿Ha aumentado el control (de tu jefe o de una app que sigue tus movimientos) para que seas más productivo/a? ¿Hay menos gente en tu empresa para hacer el mismo trabajo que antes? ¿Percibes que tu seguridad está en riesgo, porque descuidas las normas de seguridad para cumplir con tus tareas a tiempo?
  • ¿En alguna ocasión te lleves tu trabajo a casa, terminas alguna tarea que no te ha dado tiempo, miras emails y whatsapp o recibes mensajes de tu jefe o compañeros fuera de tu jornada? Y cuando en tu tiempo de ocio recibes estas interrupciones, ¿te cuesta volver a centrarte en lo que estabas haciendo antes? ¿A veces se han quejado tu familia o amigos por esto? Si tu tiempo de ocio escasea, ¿es debido a que el trabajo y desplazamientos ocupa buena parte de tu tiempo?  ¿Te deja muy cansado/a? ¿Y cómo influye el cuidado de tus dependientes menores o mayores? ¿Sientes que vas de un lado a otro con obligaciones laborales y familiares?
  • ¿Tu relación con tus superiores te da soporte cuando lo necesitas? ¿Dan órdenes claras y sabes lo que esperan de ti? Y tus compañeros de trabajo, son un apoyo cuando te encuentras mal o superado/a en el día a día? ¿Hay sindicatos y, si existen, te puedan apoyar si sufres algún problema? 
  • ¿Sientes que podrías perder tu trabajo, que la empresa podría recortar personal o extinguir tu contrato? ¿Cuánto te preocupa y qué incertidumbre te provoca? Tu trabajo, ¿te ofrece un salario suficiente para vivir cómodamente? Si tienes deudas o una situación económica precaria, ¿crees que esto podría afectar al bienestar de tu familia o dificultar el pago del alquiler o hipoteca? 
  • En tu empleo, ¿tienes control sobre lo que haces cada día y puedes organizar tus tareas? ¿Están claras tus funciones y lo que se espera de ti, o cada día es un pequeño caos donde tus superiores o clientes te cambian lo que debes hacer? 
  • ¿Te aburres y las tareas son repetitivas en tu día a día o incorporas nuevos retos? ¿Crees que lo que haces en tu empresa forma parte de tu desarrollo profesional? ¿O no ves ninguna posibilidad de mejorar en el futuro tus funciones o condiciones? 
  • Finalmente, ¿cómo es la cultura de tu empresa? ¿Valora a sus trabajadores y clientes, es justa y equitativa y le importa la gente? ¿Existe discriminación u hombres y mujeres y personas de diferentes orígenes tienen los mismos derechos y oportunidades, y se asciende y cobra de forma justa.