A pesar de lo que a primera vista pudiera parecer, el corazón cultural de nuestra Comunidad late más allá de la M-30 y, si la capital concentra el mayor número de teatros, museos y eventos, la sierra noroeste tiene muy poco que envidiarle. El último trimestre del ya desaparecido 2025 ha dado buena muestra de ello. A las numerosas actividades de los circuitos culturales reglados -Sala Babel de Torrelodones, Cines Zoco de Majadahonda o Teatro Mira de Pozuelo, entre otros-, se han sumado en los últimos meses tres iniciativas culturales locales de gran calado que han puesto de manifiesto, una vez más, la importancia de la participación ciudadana para generar comunidad.
A principios del otoño, el séptimo arte se apoderó de las salas de Majadahonda con el II Festival Internacional de Cine Social (MISFE 25) dirigido por David Castellote Aldama. De los más de 300 cortometrajes presentados al concurso, el jurado profesional seleccionó las 32 producciones finalistas que se proyectaron entre el 6 y el 9 de octubre en la Sala Escenarte. Con el fin de promocionar el cine entre las generaciones más jóvenes se llevó a cabo también una sesión de cine escolar a la que asistieron 120 estudiantes de centros educativos majariegos, así como de la Escuela de Arte de Toledo. Esta segunda y exitosa edición del Festival de Cine social que contó, además, con la colaboración de entidades y negocios locales (Academia Atlántida y Customizarte) supuso un verdadero escaparate para el talento cinematográfico, poniendo el foco en cuestiones sociales de interés. El cortometraje galardonado con el premio a la Mejor Película, Jueves de marzo de Luis Murillo, narra, por ejemplo, los acontecimientos del 11M a través de la mirada de sus víctimas. Las tribus urbanas de los 90, la religión o la enfermedad del Alzheimer son otros de los temas abordados en las películas finalistas.

Apenas un mes más tarde, la música se convirtió en la protagonista con el IV Concurso de Bandas y Solistas Jóvenes de Las Rozas y, el 6 de noviembre, las paredes de la Sala Aperitoche vibraron al ritmo de los acordes de las 9 bandas finalistas. Único requisito para participar: tener pasión por la música, menos de 35 años e interpretar temas propios. El aforo abarrotado de la sala, la calidad de las composiciones y el buen ambiente que allí se creó vinieron a corroborar las palabras de la portavoz de Más Madrid en la Asamblea, Manuela Bergerot, en la presentación del concurso: “la música joven existe en la Sierra Oeste y merece escenarios. Cuando se cuida la cultura local, el talento florece”. La banda Loclaire (@loclaire__) se alzó con el primer premio gracias a su mezcla de pop, rock, blues, indie y folk que sedujo al jurado por su gran personalidad y su conexión con el público. El mismo garbo y ritmo caracterizan al segundo y tercer premiado, Seasunday (@seasunday_band) y Sampe (@sampemusic), respectivamente.

El teatro no podía faltar en esta efervescencia cultural y no podía haber mejor lugar para ello que el pueblo de acogida del Premio Nobel de Literatura, Jacinto Benavente. Así fue como Galapagar se convirtió a finales de noviembre en el escenario del I Certamen de Microteatro de la localidad, promovido por la Asociación Iniciativa por Galapagar y la Asamblea local de Más Madrid. Durante tres días, más de 500 personas se deleitaron con las 18 obras presentadas a concurso por grupos de la comarca mayoritariamente vocacionales. El premio del público recayó en el texto “Los profesionales” dirigido por Jaime Laorden de la asociación cultural TorreArte. En cuanto al jurado, presidido por el actor y dramaturgo Antonio Sansano, otorgó el telón de Bronce al mejor montaje a la obra “Pipas”, obra interpretada y dirigida íntegramente por mujeres. Los organizadores contaron, además, con la colaboración de entidades sociales del municipio y la inestimable aportación del escultor galapagueño José Mª Casanova quien diseñó y realizó las estatuillas, Telón de Bronce, para todos los premiados. En este caso, el certamen permitió no solo acercar el teatro a un público más joven rompiendo la rigidez de la dramaturgia tradicional, sino también tejer redes en torno a la cultura promoviendo la actividad popular.

La cultura se presenta, por tanto, en todas sus vertientes como el medio idóneo para restablecer y fortalecer esos tejidos comunitarios que, en estos tiempos, corren el riesgo de ir difuminándose por el ritmo trepidante de nuestra sociedad y por la voluntad de aquellos agentes que ven en ellos una amenaza a esa uniformidad cultural que intentan imponernos. Parece no haber mejor manera pues, para espantar los nubarrones que se ciernen en estos momentos sobre nosotros, que hacer nuestra la idea de la pintora Maruja Mallo según la cual, el arte y las expresiones culturales populares son una fuente inagotable de alegría, libertad e igualdad.
