La importancia de la conservación de la biodiversidad en los entornos urbanos

Por Carlota López, Graduada en Ciencias Ambientales, técnica de proyectos en la Fundación Vida Sostenible y José Luis Fernández, Licenciado en Ciencias Ambientales, técnico de inspección ambiental en la Consejería de Medio Ambiente, Agricultura e Interior de la Comunidad de Madrid.

 

La comunidad científica ha definido la actual crisis de biodiversidad como la Sexta Extinción masiva sufrida por nuestro planeta, en este caso, provocada por el crecimiento imparable de las acciones humanas y sus impactos (pérdida de hábitat, sobreexplotación de especies, cambio climático, contaminación, etc.). Uno de los rasgos más llamativos es la velocidad a la que se está produciendo esta pérdida de especies. Se ha estimado que “la tasa actual de extinción de géneros de vertebrados supera en 35 veces la del último millón de años”, según el estudio de Ceballos y Ehrlich, publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences, en 2017.

En la conservación de la biodiversidad podemos estimar diferentes escalas. Una de las facetas a desarrollar en las políticas públicas de los municipios, es la necesidad de integrar las soluciones basadas en la naturaleza, en la gestión de los espacios urbanos, no solo las áreas verdes, sino el conjunto de la ciudad.

Esta política de gestión urbana de la biodiversidad debe ser transversal –no solo afecta a las áreas que tradicionalmente se han ocupado de los jardines y zonas verdes–, debe considerar el espacio urbano como un tipo de hábitat, en el que los humanos conviven con otros seres vivos creando complejas redes de cooperación que permiten mantener el equilibrio. Por ejemplo, los líquenes que todos hemos podido ver en diferentes superficies de nuestros pueblos o ciudades, son una asociación entre hongos y algas unicelulares sensibles a los contaminantes atmosféricos, por lo que nos indican la calidad del aire de las zonas donde se desarrollan. Así, los líquenes son un bioindicador que podemos utilizar en nuestro beneficio para mejorar la salud de nuestros vecinos y nuestro entorno.

En lo que se refiere a la vegetación, en el diseño y conservación de parques y jardines urbanos, debería primar el empleo de vegetación autóctona, adaptada a las condiciones locales de humedad y temperatura. Aunque esto se aleja de las tradicionales praderas de césped y algunas especies exóticas muy usadas en nuestros parques –como por ejemplo el Plumero de la pampa o Cortadeira seollana, incluido en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras por su rápida extensión y proliferación– la apuesta por especies autóctonas no sólo supone optar por la biodiversidad local, también implica una gestión más sencilla de estos espacios, al ser más resistentes a la temperaturas y disponibilidad de agua características del clima donde nos encontremos.  

Pero no se debe descuidar una vegetación que tradicionalmente se ha tratado de erradicar, las mal llamadas “malas hierbas” o vegetación ruderal que denominan los ecólogos. Estas plantas de crecimiento espontáneo en cunetas, alcorques, márgenes de los caminos, descampados urbanos y solares, son muy importantes en la conservación de los insectos polinizadores, vitales para el mantenimiento de la producción agrícola. Al mismo tiempo, es necesario mantener bajo control su biomasa, para minimizar el riesgo de incendios pues, esta vegetación, una vez seca al llegar el verano, aumenta la cantidad de combustible potencial. 

La práctica habitual para este control preventivo de los incendios es el empleo de herbicidas como el Glifosato –que debería ser desechado por su toxicidad y ser uno de los principales causantes de la disminución de polinizadores, poniendo en riesgo el futuro de la alimentación– y el desbroce por medios mecánicos. Para este último existe una alternativa viable que ya se lleva a cabo en varios municipios de la Comunidad de Madrid: el pastoreo preventivo. Esta colaboración con el sector ganadero tiene muchas ventajas como: reducir la huella de carbono del municipio al sustituir la maquinaria de poda y desbroce, que consume combustibles fósiles, por ganado –principalmente cabras–, creación de empleo y riqueza a través de la elaboración de productos lácteos o carnes, potenciando el sector agroganadero local, activando las zonas rurales y preservando actividades y manejos tradicionales que forman parte de nuestra cultura. Además, esta colaboración puede dar pie al apoyo en la conservación de especies ganaderas locales como la oveja Colmenareña, clasificada como raza autóctona en peligro de extinción en el Catálogo Oficial de razas de ganado de España, que, aunque mejor adaptadas al terreno y al clima, han sido desechadas por considerarse menos productivas.

Respecto a la conservación de la avifauna en las ciudades, encontramos dos retos: la presencia de especies exóticas –como las cotorras– que ejercen presión sobre las especies locales y la destrucción de nidos de aves autóctonas, como vencejos y golondrinas, ubicados en aleros de edificios. Hay que señalar que estos nidos y aves están protegidos por la Ley 42/2007, de 13 de diciembre, del Patrimonio Natural y de la Biodiversidad, pero a pesar de esta protección legal muchos de ellos son destruidos por desconocimiento o ignorancia. Estas aves y otras especies habituales en nuestras ciudades, como los murciélagos, prestan importantes servicios ambientales, al consumir grandes cantidades de insectos, que de otro modo podría terminar convirtiéndose en plagas. Para evitar el daño en edificios y favorecer su presencia se pueden instalar cajas nido.

Otras zonas de nuestros pueblos y ciudades donde hay mayor biodiversidad son los ríos y otros humedales. En su mayoría presentan un elevado grado de alteración y degradación, lo que está dando lugar a diversas actuaciones, como la convocatoria de subvenciones para el fomento de actuaciones dirigidas a la restauración de ecosistemas fluviales y a la reducción del riesgo de inundación en entornos urbanos del año 2022, gestionada por la Fundación Biodiversidad con fondos europeos, como es el caso del Proyecto de renaturalización del río Guadarrama y arroyo de la Poveda a su paso por el término municipal de Collado Villalba (NatGuadaVillalba). El mantenimiento de estos ecosistemas permite además potenciar la avifauna, produciendo dos beneficios: prevención de plagas de insectos y estimular el turismo responsable asociado al avistamiento de avifauna.

Así como vemos la promoción de la biodiversidad y la naturaleza en entornos urbanos, es nuestra aliada, siempre que sepamos entenderla y manejarla, para alcanzar un equilibrio bueno para nuestro municipio y todos los seres vivos que lo habitan.