Organicémonos: la clave contra la ecoansiedad

Por Miriam Jiménez Lastra, miembro de Ideas en Guerra, socióloga y politóloga

 

La Generación Z, y especialmente las mujeres jóvenes, ha liderado las grandes movilizaciones ecologistas de la última década. La preocupación ante la crisis climática ha calado hondo en nuestra sociedad, generando una gran conciencia entre los y las jóvenes, lo que en algunos casos también ha tenido consecuencias negativas.

Como joven comprometida con la lucha contra la crisis climática, me he encontrado en diferentes espacios y conversaciones en los que se han compartido visiones, análisis políticos y propuestas contra la crisis climática, pero también preocupaciones. En no pocas ocasiones, me he encontrado con jóvenes muy afectadas por los duros análisis sobre la situación ecológica, llegando al punto de abandonar la conversación o llorar. Hoy soy consciente de que estaban sufriendo lo que conocemos como ecoansiedad.

Ecoansiedad, el precio de la individualidad

Más del 80% de la juventud de este país ha sufrido en algún momento ecoansiedad, según datos del estudio «El Futuro es Ahora». Pero ¿qué es la ecoansiedad? Para comprenderlo, nos acercamos a la página web del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, donde encontramos una recomendación de Teresa Franquesa Codinach. En su libro Cambio climático y Ansiedad, explica que esta es una respuesta emocional normal al tomar conciencia de los riesgos de la crisis medioambiental que estamos sufriendo.

Ante desastres ecológicos y discursos políticos que canalizan esta catástrofe hacia la población a través de frases como «no hay planeta B», la ecoansiedad aparece en la vida de las personas con síntomas como estrés, ansiedad, insomnio o dificultad para concentrarse. En los casos más graves, la sensación de desesperanza, el aislamiento social ante la incomprensión de nuestros iguales por esta problemática y la percepción de las acciones individuales como insuficientes pueden llevar a la depresión.

Juntas y organizadas 

La ecoansiedad es una respuesta comprensible ante la crisis climática pero puede tener profundas consecuencias. Por ello, es necesario adoptar estrategias de mitigación. ¿Cómo podemos hacerle frente? La principal estrategia es la organización colectiva.

La organización colectiva aparece como un catalizador del aislamiento social y la desesperanza. Rodearnos de personas que trabajan por un mundo mejor combate la soledad no deseada y el sentimiento de incomprensión ante la posibilidad de ser los únicos preocupados por esta materia. Estos espacios generan comunidades de apoyo que proporcionan entornos seguros para compartir las preocupaciones que surgen ante la crisis climática, pero también son espacios que generan pensamiento colectivo y propuestas y soluciones ante los problemas presentes. Participar en organizaciones y movimientos sociales alineados con nuestros valores puede retornar en forma de empoderamiento colectivo.

Finalmente, es importante destacar que es necesario mantenernos informados y concienciados desde una perspectiva interseccional, ya que de esta manera podremos hacer frente a la ansiedad con mayor éxito. Por ejemplo, sabemos que las comunidades racializadas y en riesgo de exclusión social son las más expuestas a sufrir las consecuencias de la crisis climática. La interseccionalidad aparece aquí como una herramienta que nos ayuda a comprender lo crucial de generar estrategias de mitigación colectivas que sean inclusivas y efectivas.

Solo podemos llegar más lejos si estamos juntas. Para ello, los cuidados y la interseccionalidad deben encontrarse como prioridades en cualquier espacio, debate u organización colectiva y, sobre todo, en cualquier estrategia de resiliencia emprendida en esta búsqueda por un lugar mejor para todos, todas y todes.